Se está hablando cada vez más de e‑PIPAC y h‑PIPAC. ¿Qué son exactamente estas técnicas?
Ambas son evoluciones del procedimiento PIPAC (quimioterapia intraperitoneal presurizada en aerosol), una técnica mínimamente invasiva que permite administrar quimioterapia en forma de aerosol directamente en la cavidad peritoneal durante una laparoscopia.
PIPAC ha demostrado ser útil en pacientes con carcinomatosis peritoneal, sobre todo cuando las opciones quirúrgicas están limitadas o se busca un tratamiento paliativo con menor toxicidad sistémica.
e‑PIPAC y h‑PIPAC son variantes tecnológicas que buscan mejorar la eficacia de este tratamiento.
- e‑PIPAC añade un componente electrostático que carga eléctricamente las partículas del aerosol, lo que favorece su atracción hacia las superficies peritoneales, optimizando la deposición del fármaco.
- h‑PIPAC, por su parte, combina la aerosolización presurizada con hipertermia controlada, es decir, eleva la temperatura dentro de la cavidad abdominal para potenciar el efecto citotóxico de los fármacos.
¿Qué aporta exactamente la electrostática en el caso del e‑PIPAC?
El principio es sencillo: si se cargan las microgotas del aerosol con una polaridad, y se induce una polaridad opuesta en las superficies peritoneales, se puede mejorar la deposición del fármaco mediante atracción electrostática.
Esto acorta el tiempo que el aerosol permanece en suspensión y mejora la distribución y penetración del agente quimioterápico. En estudios preclínicos, se ha observado que la concentración tisular de ciertos fármacos puede multiplicarse por 5 o incluso por 10 respecto al PIPAC estándar.
Además, permite reducir la dosis total administrada, lo que puede traducirse en menor toxicidad, tanto para el paciente como para el equipo médico.
¿Y qué papel juega la hipertermia en h‑PIPAC?
La hipertermia en oncología no es nueva. Ya se utiliza en técnicas como la HIPEC (quimioterapia intraperitoneal hipertérmica), donde se infunden citostáticos calentados a unos 42 °C.
La aplicación de calor tiene múltiples efectos beneficiosos: aumenta la perfusión local, incrementa la permeabilidad celular, favorece la penetración del fármaco y, además, tiene un efecto citotóxico directo sobre las células tumorales.
En el caso de h‑PIPAC, se mantiene la lógica del aerosol presurizado, pero se añade calor, generalmente mediante CO₂ humidificado calentado y fuentes térmicas intracavitarias. Esto permite mantener temperaturas terapéuticas durante el procedimiento, con una distribución homogénea.
¿En qué punto se encuentran actualmente estas técnicas? ¿Se están utilizando ya en pacientes?
e‑PIPAC ya ha dado el salto de la fase preclínica a estudios en humanos. Se han completado estudios fase I y II con resultados prometedores, especialmente en carcinomatosis de origen colorrectal y gástrico. Estos estudios han demostrado que el procedimiento es seguro y bien tolerado, y que permite alcanzar concentraciones tumorales más altas con menores dosis sistémicas.
h‑PIPAC, en cambio, se encuentra aún en fase más temprana. Se han realizado estudios en modelos ex vivo y en animales, y aunque los resultados han sido favorables en cuanto a viabilidad técnica y mantenimiento de la temperatura, todavía no se ha validado en humanos. El próximo paso será iniciar ensayos fase I que permitan evaluar seguridad y tolerancia.
¿Qué potencial tienen estas tecnologías en un país como España?
Enormes. España cuenta con múltiples centros con experiencia en cirugía citorreductora y HIPEC, y cada vez hay más interés en terapias regionales menos invasivas. La posibilidad de aplicar e‑PIPAC en pacientes seleccionados —por ejemplo, con carcinomatosis limitada o en recidivas— puede ofrecer una alternativa válida con menor morbilidad.
Además, la incorporación de e‑PIPAC en protocolos clínicos permitiría optimizar los tratamientos actuales, reduciendo toxicidad sin comprometer eficacia.
h‑PIPAC, aunque más incipiente, podría ser clave en el futuro para tumores especialmente resistentes o en situaciones donde la hipertermia añade un valor terapéutico adicional.
¿Qué barreras existen para su implementación?
Como en cualquier nueva tecnología médica, hay barreras regulatorias, logísticas y económicas.
- En el caso de e‑PIPAC, es necesario contar con el equipo específico para generar el campo electrostático, y con formación adecuada para el equipo quirúrgico.
- Para h‑PIPAC, además, se requiere monitorización térmica constante, fuentes de calor seguras y protocolos de control más exigentes.
También hay que considerar la seguridad del personal: al tratarse de aerosoles de quimioterapia, deben emplearse dispositivos de contención y evacuación adecuados.
Por último, está el aspecto de la financiación y la incorporación a guías clínicas, algo que irá llegando a medida que se acumulen datos de eficacia y seguridad.
¿Qué se espera en los próximos años en relación con estas técnicas?
Probablemente veremos una expansión progresiva del uso de e‑PIPAC, sobre todo en centros con experiencia en oncología peritoneal. Hay proyectos europeos en marcha y redes de colaboración que permitirán su evaluación en estudios comparativos con PIPAC convencional y con HIPEC.
h‑PIPAC dependerá de cómo avancen los ensayos clínicos iniciales. Si demuestra seguridad y un beneficio terapéutico claro, será sin duda una herramienta complementaria muy interesante.
En cualquier caso, ambas representan un paso adelante en la búsqueda de tratamientos más eficaces, menos invasivos y mejor adaptados al perfil de cada paciente.