La eventración o hernia incisional es una complicación frecuente tras una cirugía abdominal, con una incidencia estimada entre el 10% y el 20% según el tipo de incisión, comorbilidades del paciente y técnica de cierre empleada. Se define como la protrusión de contenido intraabdominal a través de un defecto de la fascia aponeurótica, secundario a una cicatrización deficiente de una incisión quirúrgica previa.
La evaluación preoperatoria adecuada de estos pacientes es esencial para una reparación segura y duradera nos comenta nuestro experto el Dr. José Guerrero.
En este contexto, las pruebas de imagen no solo son útiles, sino que en la mayoría de los casos son imprescindibles para una correcta planificación quirúrgica.
¿Por qué se deben realizar estudios de imagen?
El examen físico, aunque útil, puede ser insuficiente para definir completamente la anatomía del defecto herniario, especialmente en pacientes con obesidad, múltiples cicatrices o hernias complejas. Las imágenes permiten:
- Determinar el tamaño y la localización del defecto
- La medición precisa de la brecha fascial (en sus diámetros transverso y longitudinal) es clave para seleccionar la técnica quirúrgica más adecuada.
- Defectos >10 cm pueden requerir estrategias de cierre avanzadas, como component separation o preparación preoperatoria del paciente (PPP).
- Identificar el contenido herniado
- Es fundamental saber si el saco contiene asas intestinales, epiplón, vejiga o incluso estómago (en casos de eventraciones altas).
- La presencia de adherencias o atrapamientos puede modificar la conducta intraoperatoria.
- Evaluar la integridad y calidad de la musculatura abdominal
- El estudio permite valorar si existe atrofia, diástasis de rectos o adelgazamiento de la pared muscular.
- Esto afecta directamente la factibilidad del cierre primario y la necesidad de refuerzos con mallas.
- Medir el índice de pérdida de domicilio (loss of domain)
- Cuando un volumen importante de vísceras se encuentra permanentemente fuera del abdomen, se puede generar hipertensión intraabdominal o síndrome compartimental al momento de la reducción quirúrgica.
- Si el índice es >20%, el paciente puede requerir neumoperitoneo progresivo preoperatorio o botox en los músculos laterales para facilitar el cierre.
- Detectar otras hernias asociadas o complicaciones
- En hasta un 25-30% de los casos, existen defectos múltiples no evidentes clínicamente.
- También se pueden identificar colecciones, fístulas, trayectos sinusalizados o cuerpos extraños.
¿Qué estudios se utilizan habitualmente?
- Tomografía axial computada (TAC) con maniobra de Valsalva
Es el gold standard para la evaluación preoperatoria.
Permite una visión multiplanar del defecto, del contenido herniado y de la pared abdominal. La maniobra de Valsalva aumenta la presión intraabdominal, facilitando la detección de protrusiones que podrían no ser evidentes en reposo.
Ventajas:
- Medición precisa del defecto y del volumen de la hernia.
- Evaluación tridimensional para planificación con técnicas avanzadas (e.g., planeamiento 3D, softwares de reconstrucción).
- Identificación de mallas previas, infecciones profundas o recidivas.
- Ecografía abdominal
Es una herramienta accesible, sin radiación, útil para defectos pequeños o localizados, especialmente en pacientes delgados.
Su principal limitación es la dependencia del operador y menor capacidad para definir estructuras profundas o múltiples planos.
¿Hay casos en los que NO se necesita imagen?
Sí, pero son cada vez menos frecuentes. En general, se podría prescindir de estudios de imagen si:
- La hernia es pequeña, reducible, única, y palpable claramente en examen físico.
- El paciente tiene un IMC bajo, sin historia de múltiples cirugías ni sospecha de recidiva.
Incluso en estos casos, muchos cirujanos prefieren obtener al menos una TAC simple para confirmar el diagnóstico y anticipar posibles dificultades.
Conclusión
La cirugía de una eventración no debe ser abordada sin una evaluación estructurada y completa.
Las pruebas de imagen preoperatorias —en particular la TAC con Valsalva— son una herramienta diagnóstica y de planificación quirúrgica esencial.
Ayudan al cirujano a elegir la técnica más adecuada, minimizar las complicaciones intraoperatorias, y aumentar las probabilidades de éxito a largo plazo.
Una cirugía bien planificada comienza con una imagen bien interpretada.