El cáncer peritoneal es una enfermedad compleja que afecta al peritoneo, la membrana que recubre el interior del abdomen y los órganos digestivos. Puede ser primario (como el mesotelioma peritoneal) o más frecuentemente secundario, cuando se origina en otro órgano (como el colon, ovario o estómago) y se disemina a la cavidad abdominal. Los tratamientos más utilizados incluyen la cirugía citorreductora y la quimioterapia intraperitoneal hipertérmica (HIPEC). Estos procedimientos son muy exigentes para el cuerpo, por lo que cuidar la nutrición antes, durante y después del tratamiento es clave para una mejor recuperación y calidad de vida.
¿Por qué es tan importante la nutrición?
El cáncer peritoneal y sus tratamientos pueden alterar de forma significativa el estado nutricional del paciente. En muchos casos, la enfermedad afecta al sistema digestivo directamente, provocando síntomas como pérdida de apetito, náuseas, sensación de saciedad precoz, diarrea o estreñimiento, lo que dificulta una alimentación adecuada. A esto se suma el desgaste que produce el propio tumor, que acelera el metabolismo y puede llevar a una pérdida importante de peso, masa muscular y defensas del organismo.
En este contexto, una nutrición adecuada no solo ayuda a mantener el peso y la energía del paciente, sino que también:
- Mejora la tolerancia a los tratamientos quirúrgicos y oncológicos.
- Favorece una recuperación más rápida tras la cirugía.
- Reduce el riesgo de infecciones y otras complicaciones.
- Fortalece el sistema inmunológico.
- Contribuye al bienestar físico y emocional.
Evaluación nutricional: el primer paso
En nuestra unidad, consideramos esencial realizar una valoración nutricional individualizada desde el momento del diagnóstico. Esta evaluación nos permite detectar precozmente si el paciente presenta desnutrición, riesgo de desarrollarla o tiene necesidades especiales.
Algunos de los indicadores que valoramos son el peso y su evolución reciente, la masa muscular, el apetito, los hábitos alimentarios, y en ocasiones complementamos con análisis de sangre y herramientas específicas como el índice de riesgo nutricional.
Cuando se detecta desnutrición, actuamos de forma proactiva para corregirla, ya sea con orientación dietética, suplementos nutricionales orales o, en casos más severos, con soporte nutricional por vía enteral (sondas) o parenteral (vía intravenosa).
Antes del tratamiento: preparar el cuerpo
Cuando un paciente es candidato a una cirugía citorreductora con HIPEC, una buena preparación nutricional es tan importante como la planificación quirúrgica. La intervención suele ser larga y compleja, y una buena reserva nutricional mejora la tolerancia y reduce el riesgo de complicaciones postoperatorias.
En las semanas previas a la cirugía, nuestros nutricionistas trabajan junto con el equipo médico para optimizar la alimentación del paciente, aumentar la ingesta de proteínas y calorías si es necesario, y corregir posibles déficits de vitaminas o minerales.
En algunos casos, se emplean estrategias de «prehabilitación», que combinan nutrición, ejercicio y apoyo psicológico para preparar al paciente de forma integral.
Durante el ingreso: apoyo constante
Durante el ingreso hospitalario, especialmente después de la cirugía y el tratamiento HIPEC, el cuerpo necesita una gran cantidad de energía y nutrientes para cicatrizar, combatir infecciones y recuperar la funcionalidad. Sin embargo, en estos días puede ser difícil comer con normalidad debido a náuseas, dolor abdominal, o alteraciones en la digestión.
Por eso, el equipo de nutrición monitoriza estrechamente a cada paciente e introduce, cuando es necesario, suplementos, dietas adaptadas o nutrición por otras vías, asegurando que el organismo reciba lo que necesita para sanar.
Nuestro objetivo es reincorporar lo antes posible la alimentación oral, pero siempre de forma progresiva, respetando la tolerancia individual y ajustando la dieta según las circunstancias clínicas.
Después del tratamiento: recuperación y calidad de vida
Tras el alta hospitalaria, la nutrición sigue siendo una herramienta fundamental. El cuerpo necesita reconstruir tejidos, recuperar fuerza y continuar con otros tratamientos oncológicos si están indicados.
En esta etapa, ofrecemos acompañamiento nutricional personalizado, con revisiones periódicas, educación dietética y apoyo en caso de síntomas digestivos persistentes. Se trabaja especialmente en:
- Recuperar el peso perdido y la masa muscular.
- Favorecer una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales.
- Promover hábitos saludables a largo plazo.
- Adaptar la alimentación a posibles cambios anatómicos si ha habido resecciones intestinales.
Un enfoque multidisciplinar y humano
El tratamiento del cáncer peritoneal requiere de un enfoque integral, en el que la nutrición forma parte del equipo terapéutico. En nuestra unidad, el paciente está siempre en el centro, y nutricionistas, cirujanos, oncólogos, enfermería y psicooncología trabajan de manera coordinada para ofrecer el mejor cuidado posible.
Entendemos que cada persona es única, y por eso adaptamos nuestras recomendaciones a las preferencias, creencias, situación social y evolución de cada paciente. La alimentación no solo nutre el cuerpo: también puede ser una fuente de consuelo, autonomía y bienestar en medio del proceso oncológico.
Conclusión
La nutrición no cura el cáncer peritoneal, pero puede marcar una gran diferencia en el camino del tratamiento. Preparar al organismo, acompañarlo durante los momentos más exigentes, y favorecer su recuperación es parte de nuestra labor y compromiso. Si tú o un ser querido está enfrentando esta enfermedad, recuerda que no estás solo: estamos aquí para ayudarte, también desde la alimentación.